Él soñó siempre con verla, así era él, una sombra más en éste lúgubre mundo, no paraba de
imaginarse una luz que lo sacara a ver que había más allá de ese mundo de oscuridad. Él esperó
pacientemente a que apareciera, ¿tendría el destino una luz reservada para él? Estaba seguro de
que sí había una luz, creía que había una luz para cada sombra, ya que sombra y luz son las dos
caras de una moneda. Aguardó en su sombra, cada vez más oscurecida debido a los acontecimientos
que rodeaban su vida. Un día, cuando creyó que se consumiría en las sombras, lo vio. Vio un rayo
de luz, el más fuerte de los que había podido presenciar. Pensó que esa ardiente luz lo salvaría,
siguió los pasos de la luz, dejándose a cada paso que daba un trozo de oscuridad atrás, sintió
como se purificaba. Tras un tiempo, decidido a dar el paso definitivo a hablar con la luz para
que lo terminase de purificar, una voz le susurró, una especie de conciencia, advirtiendo de que
no hablara con ella, que no serviría. A regañadientes aceptó, y esperó a observar si la luz
seguía ahí con él. Finalmente, él observo como como esa luz rescataba a otra sombra, dolorido,
volvió a su sombra. Agradeció mucho a esa voz lo que le dijo, infinitamente, pero él no puede
olvidar aquel resplandor que cegaba al instante, él ha entendido que esa no era su luz, pero el
sigue soñando siempre con verla.