Un frío recorre mi cuerpo, un frío algo más
extravagante y raro de lo habitual, una sensación de frialdad en la que hasta
los mismísimos huesos se te hielan, la sangre no fluye pues está helada. Así me
siento, al verte, siento que mi cuerpo se hiela, nada cuenta ni influye cuando
estoy a tu lado, capaz de congelar a una persona entera de pies a cabeza. Puede
que llegues a leer esto, tal vez no, tus ojos sacados de una novela escrita
para la ficción, algo extraordinario que la gente corriente solo aspira a imaginar
pero que, en cambio, está presente en su día a día. Al mirarme, creo que me
lees el alma, eres capaz de hacer que el alma se me caiga a pedazos, puesto que
derrites mi interior con esa mirada inocente. Veo un bosque, con nieve, en
pleno invierno, el único sonido, el de mi respiración. Ahogado, exhausto, como
si hubiera estado corriendo durante horas, luego llegas tú, como el verano,
ardiendo y quemando todo a tu paso. Todas las barreras para que no me volviera
a enamorar y construidas con la frialdad de mi corazón, se han visto derretidas
en pocos momentos y días. Arrastrado por un río, así es como tú me llevas, yo
simplemente fluyo gracias a ti, es la forma en la que eres la que lleva consigo
mi vida y la deja fluir mansamente. Una cascada, su sonido, apaciguador,
sentarte debajo de ella y sentir como se te cae un mundo encima, cómo toda la
naturaleza te aplasta, pero ese peso es aliviado con un simple contacto físico
contigo, ni la ola más fuerte podría hacer que cayera si estoy contigo. Quiero
que sepas que pese a todo no dejaré esto escapar, todas las palabras que digo
son mi alma y corazón y sabes que me aferraré a ese momento. No quiero que ese
momento se acabe, donde todo es nada sin ti, ese lugar donde la felicidad no
existe si tú no estás, y solo tú, no vale cualquier persona. Ver como esos
labios finos esbozan una sonrisa acompañada de una dulce risa causa que sonría
como un idiota, no bromeo cuando digo que me cortas la respiración, el último
aliento antes de que te vayas sale por ti. La primera vez que te vi, sentí un
subidón, suficiente para preguntarme que nos tenía guardado el futuro, un
futuro por el que esperaría eternamente para verte sonreír. No hay ni fronteras
ni distancias que no recorrería por verte, ya no pido ni abrazarnos, el simple
hecho de volverte a admirar merece la pena, merecería la pena pese a todas las
penurias que me hubieran pasado en el trayecto. Sé que siento algo fuerte por
ti, no tengo ni palabras para explicarlo, solo podemos comunicar aquello que
podemos describir con palabras, y tengo palabras que bueno, se acercan, pero no
llegan a describir del todo los profundos sentimientos que se han arraigado en
mí. Un árbol de emociones ha crecido dentro de mí, regado por tu cariño y amor,
cultivado por tus caricias y dando el fruto de mi amor. Tus carcajadas,
locuras, risas… son algo que me encantan, me gustaría ser el orden en tú caos,
compartir parte de mi historia contigo, tener una canción especial para
nosotros, tener una poesía escrita para ti, un texto u otra carta como esta,
cosas que te hagan saber lo que siento por ti. Por mucho que escriba, no podré
llegar a describir todo lo que siento, pero quiero que te lleves esta carta
como referencia a todo lo que te quiero.
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